divendres, 12 d’octubre de 2018

El amor a veces sí que esta en el aire... y se ve si miras bien.


Hace tiempo que pienso que las miradas tienen su propio lenguaje. Uno que está fuera de nuestro control que nos delata, que no miente, que nos hace transparentes a quien sabe entenderlo.
Miradas que dicen sin hablar que aman, que pueden llegar a demostrar un sinfín de sentimientos desde el silencio de la palabra. Y a lo largo de la vida en ocasiones hay miradas que al encontrarse se saben unidas por hablar el mismo lenguaje y entenderse al primer parpadeo.  las personas desde mucho lo llaman: “amor a primera vista “.
Y ese era el amor que se veía al entrar en la habitación y verlos sentados al lado de la ventana. Uno sentado frente al otro. Porque el amor que se tenían ¨se veía “.
Una relación bañada ya en oro, con una complicidad nacida de esas miradas que se lo dicen todo sin decir nada, que hacían que ella supiera en cada momento los sentimientos de él, su dolor, el físico y el que nace del alma, y por el que ella no llamaba al timbre (en la prescripción no constaba acariciar con cariño cada vez que se precise)
La enfermedad como siempre aliena a los proyectos de vida, había ido recaída tras recaída intentar adueñarse de la voluntad de Ángel, pero él fortalecido por el amor hacía Josefina conseguía treguas que con cada ingreso eran más cortas.
Ángel desde hacía unos meses no hablaba solo se relacionaba con la mirada, con la que respondía a su esposa e hijas ya que entendía y percibía lo que ocurría a su alrededor.
Ella decidida a mantener su mente activa, cada día escuchaba música con él, como hacían en casa, cada día un compositor diferente, un estilo diferente, que lograban mover una tecla invisible en su mente, fruto de su sensibilidad musical, que despertaba y como un resorte mágico hacía mover sus dedos como si de un pianista se tratase. (1)
Cada caricia, cada cucharada de gelatina, cada masaje en las manos era un “Te Quiero “, “sigo aquí “, “estamos juntos en esto “. Josefina era consciente de que la luz de su marido se iba apagando a cada ingreso un poco más, pero a la vez no quería perder la esperanza. Como me dijo una mañana “desde el último achuchón me ha regalado un año “, oírla era ver ese amor que estaba tan vivo como cuando se conocieron.
Además de formar una familia, habían coincidido en aficiones, maneras de ver la vida y se habían entendido siempre. Imagino que para ella era doloroso pensar en que por una vez su proyecto de futuro no coincidía con el que la vida tenía pensado para ellos. Ese dolor y la esperanza hacían que, aún consciente del diagnostico y la evolución no quisiera admitir la situación vital de Ángel, por lo que antes del alta ya había dispuesto todo de mejoras en su casa, incluida la cama que lejos de separarlos iba adaptarse a su costumbre de dormir cogidos, esa adaptación incluía a Josefina, que iba a tener que cambiar de lado en la cama.
La disfagia se había añadido a la lista de complicaciones de Ángel, y de preocupación para Josefina, que se debatía entre el miedo de no darle bien la comida y que de no comer se olvidase de hacerlo. Otro motivo de dolor que decidió mantener alejado con dosis masivas de paciencia y amor. Así a la hora de las comidas venía una de sus hijas y acercaba uno de sus brazos que él cogía y acariciaba a la vez. Josefina había descubierto que así y a pequeñas cucharadas Ángel comía un poco.
Así pasando los días llego el del Alta a casa, Josefina me abrazó y me dio las gracias por todo, sin saber que era yo la que en cualquier caso se las tenía que dar a ella, por dejarme ser testigo de ese amor tan visible.
Al cabo de una semana, un lunes, me dijeron que Ángel había ingresado el sábado por una broncoaspiración y dejó a Josefina la madrugada del domingo. Me dolió no haber estado allí con ellos, con ella y acompañarla.
Solo me queda el pensar que el dolor que sentiría Josefina por perder a su compañero de vida sería suavizado por amor entre ellos, era tanto que Ángel se lo había dejado como quien deja un regalo cuando se va a otro lugar y sabe que no regresará.
Y es que las pérdidas, no por esperadas, son menos dolorosas, no porque quien se va deja una vida de recuerdos se le va a echar menos en falta, no por ser de edad avanzada quien se queda ha de aceptar la perdida mejor, pero eso es materia para otro post…

Enlaces de interés :

Zárate D, Patricia, & Díaz T, Violeta. (2001). Aplicaciones de la musicoterapia en la medicina. Revista médica de Chile129(2), 219-223. https://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872001000200015

http://oncologiaintegrativa.org/web/consejos-cuidadores/



Sánchez Guio, T. (2016). Atención y preparación del duelo en familiares de pacientes crónicos terminales: prueba piloto en Zaragoza. RECIEN. Revista Científica de Enfermería, 1(11). doi:https://doi.org/10.14198/recien.2016.11.03










dilluns, 3 de setembre de 2018

Atrapando el detalle a ritmo rápido.Las mañanas de agosto


Los agostos en mi Hospital son diferentes. La brisa de las vacaciones se pasea a su antojo por varias zonas del edificio de la mano del silencio. Se sabe dueña hasta septiembre, en unos pasillos que aguardan, mientras retienen en sus paredes el recuerdo de lo ocurrido en ellos.
Será por ello que mientras te acercas a las unidades donde la actividad no ha cesado, ya percibes otro sonido. El sonido de la risa, una risa de esa época en la vida en la que ya se es muy mayor para ser niño, y un poco niño para ser mayor.
Porque es verano y en el Hospital se viven el primer contrato, la primera taquilla, el sentir ilusión, miedo, ganas, respeto todo en uno, Quien no ha sentido esa sensación de sentirse responsable de forma real lejos ya de la seguridad de las practicas, cuando es a tí a quien se giran a preguntar. Tú las miras y recuerdas los tuyos ya hace unos cuantos …Y te centras en el presente, diferente en mucho al de antes, pero de eso se trata de evolucionar.
¿Pero evolucionar hacia dónde? ¿A una atención centrada en procedimientos y registros? O a una donde el centro de los cuidados sea la persona y que esos se registren, y se realicen garantizando una calidad. La falta de Humanización, no es entendida por muchos yo la primera.
Hasta que estás unos días donde todo es rápido, tanto que solo deja ver la superficie, quedando lo esencial o aquel pequeño detalle escondidos en cada una de las habitaciones en las que se entra y se sale, al ritmo de unas tareas que lo miden todo, menos la calidad a quien van dirigidas.
Y entiendes que la organización es necesaria, porque hay diferentes factores externos a la unidad que influyen en ese ritmo. Pero a los pocos días, será por los veranos acumulados en los pies, decides bailar un poco con él, compartiendo el pasillo con compañeras de baile que como tú hace años que bailan y han bailado a diferentes ritmos.
Y así sé que Antonio se pone nervioso, pero que sus nervios son porque se ahoga en vida, porque le teme al día que se ahogue del todo. Y si hablo con él, después hablo con Custodia que de cuidarlo a él, no se cuida ella.
Y Ena llora a veces porque perder su independencia en sus actividades diarias es un duelo difícil de llevar.
Emilio no se lo que llega a entender cuando le hablo, pero con los días al oír su nombre cuando le saludo me sigue con la mirada, y deja que le cambie la cánula de la  traqueostomía sin que se ponga tenso mientras le explico lo que hago.
Y Ángel que ingresó sin querer comer nada, hasta que averiguamos que esa comida sin nada de sal no era para quien siempre le había echado un poquito.
Y Domingo que un día fue él quien me curó, cogiendo un dentífrico aun por abrir, y poniéndome pasta de dientes en las picaduras de un mosquito que se había enamorado de mi brazo.
Y Nuria a quien el dolor crónico moldeaba su carácter, pero que el fondo tenía una pena que sacaba sólo a veces , saber que no volvía a su casa cerca del Bar Quimet.
Y así hasta catorce, mi ratio de pacientes estos quince días, donde el tan nombrado trabajo en equipo se convierte, por fin, en equipo que trabaja, en el que cada una aporta, en el que todo suma, y se da valor al trabajo realizado.
Gracias Marta , Charo , Angie y Jenny ,lo duro y difícil lo es menos trabajando con compañeras como vosotras.
Me quedo con un sueño que espero no se quede en las paredes de esos pasillos que todo lo guardan, ¿que no haríamos con una ratio no tan elevada?  Porque muchos días me ido con la sensación de no haber hecho todo lo que quería, de no haber cuidado más el detalle. Pero si lo intentaba, el ritmo rápido me ganaba la partida. Sueños imposibles… ser asistencial me aleja del cálculo de las ratios, de las cargas de trabajo según el número de pacientes. La realidad asistencial fluctúa tanto a veces y está ligada a tantos factores que parece que no quiera darle la mano al cálculo. Pero aún y así como sería tener la ratio ideal que permitiera efectuar cuidados con la mayor profesionalidad, tratando al paciente como persona y pudiendo establecer una relación terapéutica, y poder reflejar todo ello en unos registros que hiciesen visible los cuidados que más se tendrían que visibilizar por ser en esencia los cuidados Enfermeros.


Enlaces de interés: 

1- Sanz Gómez Ana Isabel, Iriarte Ramos Sonia, Gascón Catalán Ana. Aspectos sociodemográficos y laborales en el error asistencial de enfermería. Enferm. glob.  [Internet]. 2016  Jul [citado  2018  Sep  03] ;  15( 43 ): 176-188. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1695-61412016000300007&lng=es.

2- Morales Asencio, JM; del Río Urenda, S; Terol Fernández, FJ;
Gonzalo Jiménez, E; Martín Santos, FJ; Morilla Herrera, JC. Ratios enfermera-paciente: revisión
sistemática de los efectos del número de enfermeras sobre los pacientes, su contexto laboral y
los resultados de los hospitales. Evidentia 2005 enero-abril;2(4). En: http://www.indexf.

com/evidentia/n4/97articulo.php [ISSN: 1697-638X].









dimarts, 15 de maig de 2018

Palabras que callan al dolor.


Conocí a E. la mañana siguiente de haber ingresado desde consultas Externas, para ser intervenido otra vez en menos de quince días. El motivo de aquel ingreso que para nosotros era una “complicación post -quirúrgica, para él significaba que lo que en un principio iba a ser una intervención que le tendría a lo sumo un mes de reposo, se convertía en un diagnóstico que le producía, ansiedad, muchas dudas y con un final incierto. La única certeza era que había entrado al Hospital a visitarse y se quedaba ingresado de nuevo, esta vez sin fecha de salida…
Pasaban los días y la ansiedad pasó a ser preocupación por la evolución, inseguridad por la información que no acababa de ser clara, para acabar entrando en un estado de apatía que le hacía ver todo lo que le rodeaba desde el lado negativo volviéndole el carácter más irritable a ratos.
 Y es entonces cuando familia, amigos y nosotros como profesionales decidimos ser “empáticos” y transmitirles mensajes de ánimos desde nuestro estado de salud.
Hay palabras, frases, preguntas dichas con la honesta intención de consolar y animar, a quien espera desde la incertidumbre, o vive con la enfermedad como compañera, que se dicen de forma frecuente:
- Tranquilo, todo irá bien...
- Animo seguro que pronto se acaba...
- Intenta no pensar ...
- No te preocupes...
- Todo es normal ...
- No va mal, poco a poco...
- Como estas?
- Va todo bien?
- Ya sabemos que es lento, pero hay que tener paciencia.
Y una de las mejores: Piensa que hay quien está peor…
¿Cuántas veces las decimos? seguramente unas cuantas. ¿Cuántas las habré dicho yo? otras cuantas.
¿Y utilizamos la empatía? De verdad nos ponemos en el lugar de quien está ante una situación incierta, a la que no le marcan plazos, que no puede dejar de pensar en su intervención porque un drenaje que destila un olor desagradable se la recuerda a cada momento, que descansar preferiría hacerlo en su casa, que no sabe como está porque pasa del enfado a la tristeza, de la rabia a las ganas de llorar como si en una montaña rusa estuviera…
Y todo ello como en muchas situaciones no solo le afecta a él sino a quien esta en la silla al lado de su cama. Con el paso de los días ella sufre por él y él sufre por ella. Sufrimiento mutuo y compartido que aumenta con el paso de los días…
Ante situaciones de impacto emocional, hemos de acompañar, desarrollar sentimientos de compresión hacia las emociones y el afrontamiento ante el proceso de enfermedad desde nuestro estado de salud.
La empatía no implica ayudar al otro haciéndole ver las cosas bajo nuestra mirada, sino ayudar entendiendo como esa mirada ve las cosas.
Un  miércoles E. llamó por un dolor en la zona del drenaje que le impedía respirar ,algo que ya le había ocurrido en otras ocasiones , cuando fui a su habitación tras mirar sus constantes que estaban dentro de la normalidad, me quedé hablando con él un rato, y allí estuvimos hablando , de su trabajo, había sido optometrista, de cómo conoció a su esposa, siendo ellos muy jóvenes , de sus hijos  y fue entonces cuando me dijo que el viernes celebraban su 44 aniversario de boda y que seria la primera vez que no iban a celebrarlo. Al salir de la habitación E. respiraba bien y rechazó el calmante.
En el pase de visita del jueves, ya se planteó el alta para el lunes o el martes, y no pude evitar explicar a su cirujana lo del aniversario. Aprovechando que estaba su hijo se organizó todo para que el viernes Enrique saliese de permiso unas horas para celebrar con su esposa ese día que para el significaba mucho.
Yo no podía decirle que estuviese tranquilo porque una reintervención siempre alarma.
No podía animarlo a que tuviera paciencia cuando cada día le alargaban el ingreso más y más
No podía hacerle ver que iba lento, pero iba bien porque la lentitud en procesos de salud desespera a quien la vive
Pero sí que podía entender que ese día de aniversario era importante para él, le iba hacer sentir menos enfermo por unas horas, y compartir con su esposa ese momento supondría seguramente una medicina que ninguno le podíamos dar, aunque si facilitar.
Administramos medicación, practicamos curas, realizamos técnicas, porque son necesarias y parte esencial de nuestra tarea asistencial, pero no hemos de quitarle valor al poder de la palabra, muchas veces unos minutos hablando son el mejor analgésico….





diumenge, 15 d’abril de 2018

La playlist de los pasillos


Entras cada día por la puerta del Hospital rápido, directa a fichar y de ahí al vestuario de donde ya sales vestida y preparada para subir a tu unidad, donde no llegas sólo tú sino todo el turno y la banda sonora de la mañana se une por unos instantes con la de la noche ya a media voz.
Y empieza la playlist de la mañana, carros de medicación, de ropa, de limpieza, las camillas con el cascabeleo de sus barandas, esos avisos para ahorrarle a los pies unos pasos... y sí la oyes, pero no la escuchas porque formas parte de ella. Y tu intención no es alterar el descanso de quienes cuidas, pero no eres consciente de esa música de fondo, de tan interiorizada como esta en tu dinámica diaria.
Hasta que llega un día en el que entras a un hospital , pero no fichas , ni vas a un vestuario, vas directa a un box de urgencias y allí a planta en la habitación, donde se ha decidido el ingreso, te espera la que va a ser tu compañera durante muchos días, la silla al lado de la cama, esa silla de la que tanto hablamos a veces por que la ocupa la familia o el cuidador .Y es en ese preciso momento en el que de golpe pasas de oír a escuchar esa playlist de los pasillos , esa música que al llegar la noche se adueña de rincones, esquinas, escaleras, 
Como cambia todo desde ese otro ángulo, desde ese otro lado del espejo, de actores a espectadores. Espectadores con tiempo, mucho tiempo, porque en esa silla al lado de la cama el reloj parece que gire a la velocidad de un suero de litro a veinticuatro horas.
Y con un sólo escenario que mirar, esa cama donde está un paciente a quien no hace falta que nos presentemos porque nos conocemos de toda la vida, de quien a primer golpe de vista sabemos interpretar una mirada, un tono de voz y un silencio.
Pasan las horas y has de hacer un ejercicio constante para que tu radar enfermero, influenciado por la angustia y la intranquilidad de ver sufrir a quien quieres, esté apagado. Al final lo consigues dominar haciendo lo que como Enfermera también sabes que es una de tus funciones, estar, acompañar, consolar, ayudar, CUIDAR, un verbo ancestral que no entiende de profesiones y si de humanidad y personas.
Llega entonces el momento de calmar y aparece como una actuación sorpresa la Playlist del pasillo, carros que chocan con las paredes, barandas que se dejan bajar de golpe, camillas que entran, conversaciones alrededor de ellas  como quien está alrededor de una mesa, luces de pasillos en los que siempre es de día, por lo que al abrir la puerta de la habitación sale el sol .Y aunque el primer pensamiento no es ni mucho menos de solidaridad para con tus compañeras que si van vestidas de blanco , al momento te reconoces en muchas de esas acciones como propias  y entiendes la gran diferencia de volumen que existe entre oír y escuchar.
Evidentemente el Hospital aún hecho de ladrillos, tiene vida y la vive de forma intensa, sus pasillos a según qué hora del día asemejan a vías públicas con el tráfico intenso.
Pero podemos crear pequeños espacios con ruido mitigado.
Desde una habitación se oye todo, y se nos oye, y mucho sea lo que digamos, bueno, malo, divertido o comprometido ese tono alto cuando es el único que flota en el ambiente, es para quien intenta conciliar el sueño o tiene un episodio de cefalea o fiebre alta un martilleo a cada silaba
Recuerdas entonces el manido tópico de la diferencia de vivir las cosas desde el otro lado y asientes mentalmente pensando que como todos los tópicos tienen su base la verdad.
¿De verdad hablamos tan alto?, ¿no hemos planteado el experimentar el fogonazo de luz que significa para los ojos abrir la luz en una habitación a oscuras?, ¿Observamos si el paciente de la cama de al lado descansa cuando estamos haciendo la otra cama?
Son preguntas que por las circunstancias vividas he tenido tiempo para respondérmelas, reflexionarlas, y tener la certeza que en muchísimas ocasiones olvidamos de poner el sonido en modo “vibración “.
Para encontrar las respuestas han surgido iniciativas como SueñOn® que desde 2016, surge como iniciativa de un grupo de Enfermeras y cuyo objetivo es promover el descanso de las personas hospitalizadas. (1)
¿Tenemos consciencia de la banda sonora que componemos entre todos? ¿Y especialmente sabemos si a nuestro “publico “le gusta la partitura o preferiría encontrarse en intermedio del concierto?





dijous, 15 de març de 2018

Todo lo que las manos dicen de nosotros, más allá de la habilidad técnica...

Han pasado ya muchos años, pero recuerdo como si fuese hoy a Lluís.  
Lluís ingresó por una descompensación de su Insuficiencia Cardiaca y tratamiento de unas úlceras vasculares. Entrar en su habitación no sólo era ir a practicar una cura, era también disfrutar de su saber, su conversación, su amplia cultura, su amor por la lectura, por las artes. Cada mañana su hijo le traía tres periódicos que él leía y mientras lo curaba íbamos comentando y compartiendo las noticias, Un día hasta me llegó a comentar el libreto de una obra que su hijo estaba ensayando. En una de esas mañanas
fue cuando me dijo uno de las palabras más bonitas, sino las que más, que me han dicho como Enfermera "Señorita, sus manos han sido como una caricia para mis heridas ".

Día a día, con reposo y el tratamiento adecuado, las ulceras fueron evolucionando hasta que llegó 
 el día en que Lluís volvió a su casa, con sus libros, sus periódicos, y el libreto de la obra de teatro de su hijo.
Muchas cosas nos definen a todos y cada uno de nosotros como profesionales: nuestra personalidad, nuestra empatía, nuestra habilidad técnica y social, la capacidad de observar...
De todo ello hablamos en muchas ocasiones, pero hay una parte de nosotros que también habla por nosotros, haciendo que se nos llegue a valorar por su habilidad o destreza y es que en cierto modo al igual que la mirada muestran su propio resplandor: Nuestras manos.
Las manos de los que vestimos el pijama blanco (o verde, ...pijama, en definitiva) pasan muchas horas entre vinilo, látex, solución alcohólica, agua y jabón en proporciones bastante parecidas. Soñando seguramente con la hora en la que ya con la jornada finalizada, la crema hidratante se pasee y cubra su piel.
Como Enfermeras nuestras manos viven con nosotros, todas las estaciones de la vida. Desde su inicio, donde la suavidad es la que lo domina todo (junto a ese aroma de talco, loción, leche materna, y felicidad extrema), hasta la última etapa en la que tocan con mimo a quien vuelve a convertirse en un ser frágil e indefenso...
Cogen con fuerza aún sin quererlo (¡cuanto sufrimiento, en una contención física!) a quien su mente ha transportado a un lugar lejano y quiere llevar a toda costa también a su cuerpo., y mueven con todo el tacto del que son capaces a quien sabe que emprenderá ese último camino donde irán juntos cuerpo y mente
Nuestras manos nos definen, como profesionales y como personas. Por como gesticulamos, quien nos ve y escucha recibirá nuestro mensaje oral de una manera u otra.
Nuestras técnicas mejorarán, irán perfeccionándose y madurarán a la par que nuestras manos, que se irán volviendo más hábiles con el paso de los años, haciendo que la pinza y el coger sean una prolongación de ellas, no sabiendo donde empiezan unos y acaban otras.
Pero no sólo madurarán a nivel técnico, sino a nivel emocional. Con el tiempo aprenderemos simplemente (¡cuánto puede llegar a contener un simplemente!) a dar la mano.
 Porque para todos los que formamos parte del Equipo de Enfermería dar la mano, es mucho más, es dar apoyo, consuelo, es " estoy aquí ", " te escucho", " me importas",
Y es que, a lo largo del turno, pensamos en nuestras manos como pensamos en nuestras piernas, pero a lo mejor no pensamos en ellas como un ayuda en nuestros cuidados.
Cuantos miedos, nervios, ansiedades se han ido calmando hablando mientras nuestra mano cogía la de quien estaba solo en esa habitación….
Y el apoyo silencioso en un brazo, haciendo saber que en ese espacio de tiempo hay alguien que se ofrece poder compartir, aquello que duele de estar guardado.?
A nuestras manos no sólo les han enseñado a administrar inyecciones y hacer torundas de gasas, su habilidad va más allá.
Nuestras manos no serán de anuncio (tanto Sterilium acaban con cualquier aspiración a modelo de manos) pero tienen mucho que contar. Dicen que cada arruga es una experiencia vivida y nos hace más sabios, imaginaros entonces, si nuestras manos hablasen, cuanta sabiduría por compartir.
Y transmitir y enseñar, hemos de saber enseñar a cuidar con las manos, a hacer ver de la importancia de tocar al paciente, de tocar su piel, de hacerle sentir que le sentimos.
Los estudiantes han de saber y aprender que los guantes los protegerán como profesionales de infecciones, fluidos, pinchazos, y al paciente en procedimientos que requieran de asepsia. Pero que el calor humano no contagia y el nuestro es uno de los mayores cuidados invisibles que hay.

Y es que a nuestras manos no le hacen falta palabras, sus gestos hablan por ellas y las hacen  
                

                                              RESPLANDECER          





















                  

diumenge, 11 de març de 2018

Cada casa es mundo y en él hay una familia, que alguna vez vendrá al Hospital.

Quien no recuerda ese día en el te cuelgas por primera vez esa identificación donde aparece una foto tuya (que parece hecha por un fotógrafo bizco) y donde pone tu nombre y debajo ENFERMERA.
Vamos vestidos con el pijama, los zuecos nuevos, y en la cabeza aún muy fresco todo, lo aprendido en la facultad. Y aunque no se vea una capa hecha de nervios, ilusión, algo de miedo, inseguridad y esas ganas que se tienen cuando por fin llega algo que se lleva tiempo esperando. Y así llegamos a la que será nuestro primer día en nuestra primera unidad, con los pacientes que nos hayan asignado y… sus familias.
Esas familias que en nuestros apuntes, fotocopias y horas de clase son también objeto de estudio porque formarán parte de nuestra atención. A las que involucraremos en el cuidado del paciente. Y la mayoría serán así, aunque entiendan y vivan los cuidados y la atención a su propia manera, porque ya se sabe que cada casa es un mundo y en él vive una familia. Y esa asignatura la aprenderemos en cada habitación en la que entremos, en los pasillos.
La familia de los apuntes existe no es un invento de los profesores para que todo cuadre en su clase. Es una familia que se alterna para que el paciente no suela estar solo, que en el momento de la visita procura que haya alguien de ellos presente, que pregunta al doctor, que colabora en los cuidados que tu les indiques y que las explicaciones las entienden y se las transmiten entre los demás miembros que en aquel momento no están. Pero hay muchas más…
Partiendo de la base que todas sus acciones se basan en la sobreprotección y el amor, hay familias que tienen la sensación que en el Hospital queremos además de curar, hacer que el paciente haga unos días de depuración y ayuno a lo Carmen Sevilla cuando ingresaba en aquella clínica de Marbella, y le traen comida, mucha comida, que vamos encontrando en cajones, armarios. Todos sabemos que la comida del hospital no es como la de casa, pero si entre horas te llenas de madalenas, naranjas, kiwis, actimeles, a una la cogerás con menos ganas.
Hay familias que querer se deben querer mucho, pero hablar se hablan poco, por lo que a primera hora llega el primero y pregunta como esta el paciente, y cuando esta marcha llega el segundo preguntado lo mismo y a ti te dan ganas de decirles que hay una cosa en la actualidad que se llama grupo de WhatsApp.
Actualmente hay familias que se reducen al paciente y su conyugue de igual o mayor edad al que con los días acabas cuidando casi como el que esta en la cama. Al que le explicas con mas tiempo la explicación del medico que a veces suele ser rápida, o sencillamente no ha oído del todo bien (y al sr Doctor no se lo va a hacer repetir), le recuerdas y le haces tomar su medicación.
Y las familias invisibles, aquellas que nunca vemos, acabando siendo nosotras la “familia “del paciente que ingresa y marcha de alta solo.
Y finalmente la familia que ya es cuidadora en casa y a la que dejar ese papel en manos de otros le supone un malestar importante. Miedo, desconfianza porque no lo hagamos de la misma forma que ella, mezclado con un sentimiento de culpa por haber fallado en algo que ha provocado el ingreso. Son familias agotadas, pero que a la vez quieren seguir llevando el control del cuidado, y con las que hemos de utilizar la empatía y nuestras habilidades de comunicación, permitiendo que participe en los cuidados,
La familia es un sistema de apoyo para el paciente, le conoce ya que vive o ha vivido parte de su vida con él. Por lo que es una ayuda atener en cuente mientras dure su estancia en el hospital.
Es por ello que al entrar en cada habitación no podemos ignorarles dirigiéndonos solo al paciente. Cierto es que nosotras estamos mucho tiempo con los pacientes, pero será las familias las que estará las veinticuatro horas del día las que nos darán información de cómo ha dormido, si ha comido bien, de su estado de ánimo.
Cada núcleo familiar tiene su estructura, sus costumbres, cultura, formas de relacionarse., y todo ello vendrá al hospital cuando uno de ellos ingrese. Hay que saber encontrar el equilibrio entre su forma de ser y la dinámica hospitalaria, y llegar a ese punto en el que ellos pasen a ser un apoyo para su familiar y un colaborador en los cuidados que nosotros le daremos.
No olvidemos que el objetivo de ellos y el nuestro es que quien esta en esa cama reciba los mejores cuidados.






dilluns, 5 de febrer de 2018

Los niños con canas.La dignidad en la edad avanzada

Se define empatía desde muchas visiones, me quedo con la que nos da Alvin Godman:
“La capacidad de ponerse en los zapatos mentales de otra persona para comprender sus emociones y sentimientos”
Si habéis leído estas dos líneas os propongo hacer el ejercicio mental de intentar adivinar los sentimientos de quien os voy a hablar…
Desde ayer que no sabe muy bien donde está, primero marchó de casa en una ambulancia le dijo su hija, luego aquella sala llena de gente arriba y abajo, personas que le sacaban sangre, o se la llevaban a no sabia muy bien donde ( hacia horas que andaba perdida) a un lugar frio ,donde le hacian una radiografía,  caras diferentes a lo largo de las horas, que le daban medicación, le controlaban la temperatura ( parece ser que tenía fiebre ) y le ponían un pañal, diciéndole “ tu tranquila cariño haz y ya te cambiaremos “ , eran muy amables pero ella no entendía nada, en casa va al baño sin problemas y esas compresas del armario solo las usa cuando se resfria.
Después de unas horas ,ha venido otra ambulancia y la ha llevado a otro lugar que se parece al que ha estado durante horas aunque  no tiene claro en qué hospital está, lo que sabe es que a su casa no la han llevado. Esa cabeza suya hace un tiempo que parece que no quiera hacerle caso, ¡con lo que ella ha sido!
Lo curioso es que, aunque a veces no recuerde lo que hizo hace media hora, puede recordar con exactitud su niñez, adolescencia viendo como su madre cuidaba a su abuela, y con los los años ser ella la que cuidaba a su madre, a le vez que criaba a sus niños. Pero de eso hace ya mucho, tanto que la niñez la vivió cuando el siglo pasado era joven.
Por eso agradece mucho la amabilidad de esas señoritas que entran cada mañana en su habitación, pero no acaba de entender porque la tratan y le hablan como ella hacia con sus hijos.
Después de toda una vida trabajando, sacando una familia adelante, cuidando, solucionando problemas, se ve hoy con un pañal, un babero y con personas que le hablan con diminutivos. Tal vez vaya más lenta (a esa artrosis cuesta ganarla cada vez más), y que olvide algunas cosas, pero recuerda perfectamente que año nació y sabe que no es una niña.
Hasta donde llega la amabilidad y empieza el paternalismo es algo sobre lo que deberíamos reflexionar cuando tratamos a pacientes de edad avanzada.
Como cita el Dr. Hugo Valderrama:
 El paternalismo mantiene toda su vigencia en la relación de los profesionales con las personas mayores y esto no sólo dificulta la promoción de su autonomía, sino que favorece su infantilización. No negamos que la autonomía de los mayores dependientes puede verse razonablemente limitada al tener que adaptarse a los proyectos de vida de los familiares que los cuidan, pero esto no justifica que se les informe de procedimientos, tratamientos o ingresos, cuando unos y otros han tomado ya decisiones por ellos. Quizás esta actitud tenga que ver con que frecuentemente confundimos su incapacidad para realizar las actividades de la vida diaria con la incapacidad para tomar decisiones. (1)
El paciente de edad avanzada, social y culturalmente tiene un concepto de la intimidad y de la relación que no son las nuestras y es algo que debemos tener en cuenta. Así pues, en momentos como la higiene para ellos la desnudez será una situación difícil y es trabajo del equipo de Enfermería cuidar en lo posible ese pudor.
Y aunque nos consideren simpáticos y muy amables, somos alguien quien acaban de conocer por lo que en muchos casos nos hablaran de usted, por lo que, aunque no dirán nada palabras como “bonito “, “abuelita “, “cariñete “les pueden sorprender en alguien a quien ven por primera vez.
Hemos de promover la autonomía en los casos que sea posible. Evitar en lo posible uso de pañales si no hay incontinencia, la dignidad de una persona sin deterioro cognitivo, sin mas remedio que hacer sus necesidades como un bebe queda francamente comprometida.
Tener en cuenta que su ritmo es más lento, pero no por ello no pueden comer solos, ni andar al baño. No los podemos volver dependientes porque nuestra presión asistencial va a ritmo de Ferrari y ellos a ritmo de 600 (no me comáis, cada día conduzco el Ferrari) pero podemos encontrar un punto medio.
Las ratios, las cargas asistenciales, las altas, los continuos ingresos juegan en nuestra contra. A favor estos cinco puntos:  
-          Hablemos de Usted.
-          Ayudemos a mantener su autonomía.
-          Seamos pacientes.
-          Preservemos su identidad y dignidad.
-          Hablémosles con normalidad. (2)
Con ellos podremos curar, cuidar y tratar no a niños mayores, sino a mayores que un día fueron niños … como todos nosotros

Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena
 Ingmar Bergman

                                                                                                             

diumenge, 21 de gener de 2018

Los ojos de Isabel

Algo te hace saber, sin que nadie te lo diga, que un turno va a ser más movido de lo normal, cuando a los pocos minutos de recibir el parte tu compañera te avisa para ir a una habitación.
Y aquel jueves no fue una excepción. Cuando llegué al lado de la cama de Isabel, la fui a saludar y fui al lavabo donde lo que vi confirmo el dominio del lugar que había conseguido un olor muy característico.
Isabel intentaba sonreír, aunque su mirada decía todo lo contrario. Ya en aquel momento me dojo que ella había pasado por mucho y que aquello era una cosa más, aunque cierto era que estaba espantada y era en esos momentos donde sentía más sola.
Esas palabras me pusieron la alerta emocional en modo On, pero como en muchas ocasiones la urgencia física nos hace disminuir la capacidad de " atrapara" los mensajes entre líneas. El mensaje de toda manera me llegó lo suficientemente claro para quedarme un momento con Isabel y hablar con ella.
Fue entonces cuando me explicó que su esposo había fallecido hacia escasamente un mes, que ella había sido su cuidadora principal los últimos ocho años y que ahora lo único que quería era llorar.
Vivimos en una sociedad donde la despedida del ser querido esta planificad hasta el último detalle, fecha, hora, lugar, flores, con o sin música, ataúd de catálogo ...todas unas convenciones que rigen el rito del adiós social.
Y es cuando ese rito ha pasado que empieza la despedida emocional, que suele ocurrir en casa o en los lugares compartidos con la persona que ha fallecido.
¿Pero qué ocurre si después del rito social, ingresas en el Hospital y ese duelo que tanto tiene ver con las emociones queda pendiente?
En el trascurso de esa mañana se sucedieron pruebas, tratamientos y controles y dado el estado de Isabel decidimos el traslado para su mejor control y observación. Ella y estuvo de acuerdo   y solo me pidió” no te separes de mi ".
Y eso es lo que intenté ir haciendo, entre medicación, curas y la atención a otros pacientes.
Y así fue como si de un libro se tratase, fui conociendo la historia de Isabel y Miquel.
Una historia de segundas oportunidades, de confiar de nuevo en el amor, de compañía, de complicidad.
En los últimos años de cuidado casi profesional por parte de Isabel dada la enfermedad de Miquel.
Cuando a las dos del mediodía acabe el turno me quede unos minutos más con ella, Cual fue mi sorpresa cuando a la par de agradecerme estar a su lado se disculpase por llorar a cada rato.
Fue entonces cuando le pregunte por que pensaba que le ocurría eso, y ella se dio la respuesta: aun le faltaba llorar mucho a Miquel y quería hacerlo en la intimidad de su casa, con las cosas de Miquel.

La evolución de la enfermedad de Isabel, le dejaba un margen no muy amplio para seguir viviendo sola, pero esa última etapa de autonomía no se le podía robar, y el poder despedirse de quien la hizo apostar de nuevo por amor con una carta ganadora menos.


Isabel tiene una familia que la quiere y la apoya, cuando haya dado ese paso podrá asumir poco a poco que ya no será la cuidadora sino la madre y abuela a quien cuidarán.
Hace unos días Rut Molina @RutMoli compartía en un tweet una frase del Dr. Gregorio Marañón:




Aquel día volví a confirmar que la silla es un "material " de cuidados al que las prisas no le dan el valor que merece. En ella escuchamos, damos la mano, " estamos ", pero a la vez recibimos afecto, consejos, lecciones de vida.
Aquella mañana Isabel me agradeció el sentirse acompañada, escuchada, reconfortada. Yo le di un abrazo porque ella a mí me dio su confianza, y me dio una lección de lo que es el Amor.
Y es en la vida todo es una sucesión de dar, recibir, saludar...y despedir. Y vuelta a empezar...